miércoles, 19 de abril de 2017

Mi Mundo.

A veces el cielo se parece a tu cara.
Y las estrellas se asemejan a tus ojos.
A veces la tierra toma tu aroma
Y los árboles se parecen a ti en majestuosidad.

Soñaba con tus caderas como dos ríos descontrolados.
Soñaba con tu sonrisa como las olas de un océano brillane.
Soñaba con tu cabello como la estela de un cometa fluyendo por el firmamento.

Tú eres el paisaje más hermoso que mis ojos pueden ver.
Eres la estrella más brillante, y haces crecer mi amor como raíces por mis venas.
Eres el silencio de la noche más profundo, y aún así el único sonido que quiero oír.
Eres cada nube en el aire, que forma una figura diferente, que como un alma libre se deja crecer ante mis manos, y se adapta a mis caprichos.

Eres mi mundo, mi cielo, mi mar, eres el azúl más fuerte, el más despejado cielo, y la más fértil tierra.
Eres la aurora de todos los colores, el desierto rojo de árida pasión. 
Eres el más profundo abismo y la más alta montaña.
Eres mi tierra, mi mundo, sin ti, yo no tendría vida.

viernes, 31 de marzo de 2017

Una triste historia

2.- Charlotte.

Los momentos de furia y berrinches quedaron en el olvido, junto con las sonrisas. Solo quedó una dama de negros rulos, mirada seria, paso firme, y un corazón de piedra.

Pasaba todos los días en taxi frente al cementerio, a lo lejos, en una colina se veía la baldosa blanca con el nombre de "Andres" grabado en su medio. Luego, unas cuadras más adelante, las ventanas amarillentas del grasoso bar donde Samuel se emborrachaba casi todas las noches, donde daba cachetadas en las nalgas de las mujeres y las recibía en sus propias mejillas.

Abría la puerta de su apartamento, simplemente la misma pieza pequeña y aburrida de siempre. Hechaba una mirada en su nevera, no había nada... Lo hacía de nuevo una y otra vez hasta que realmente entendía que no había nada que llevarse a la boca. Tenía tanta hambre pero estaba tan cansada del trabajo que simplemente se quitó los zapatos y se acostó en su cama, en donde durmió calurosamente.

Se despertó en medio de un mar de sudor, con la piel pegada a las sábanas y el cabello pegado a la piel. No entraba luz a su habitación, por lo que no sabía que hora era, ni qué día era, ni cuánto tiempo había dormido. Se levanto odiando al mundo, al tiempo, a la vida, a si misma, lo odiaba todo y a todos. Abrió la puerta de la nevera y odió esta vez con más fuerza a la humanidad.

Veía el cielo radiente mientras esperaba el autobus, a medida que crecía era más dificil encontrarle forma a las nubes, como si estas fueran siempre más abstractas; miraba con atención a ver si encontraba figuras similares a las tortugas bicéfalas o a los leones de bocas inmensas que veía cuando era niña. No dió resultado. El vehículo público llegó a la parada empañando sus ojos de humo, ella subió, pagó con rabia el pasaje y se dirigo a los acientos traseros; mientras caminaba no pudo evitar poner la mirada en un muchacho largo y un poco encorbado, con el cabello ondulado callendo como una espesa cascada sobre su cuello, unos ojos grandes pero de aspecto cansado y piel morena. En ese momento le pareció lo más tierno y, de alguna forma, bello que había visto en mucho tiempo. Se sentó inmediatamente detrás de él, y no dejó de mirarlo con una inadvertida tristeza. El autobus llegó a la parada más cercana al supermercado, ella se levantó y pidió al chofer que abriera la puerta de atrás, no pasó nada; se dispuso a gritar cuando el muchacho se le adelantó; la puerta se abrió y este le logró atinar una sonrisa antes de que ella lo perdiera de vista, se quedo anonada pensando en su voz, en sus ojos, en la forma tierna de su cuerpo, y terminó sintiendo que su corazón se rompía por el simple hecho de no volver a verlo, un dolor rápido, fugaz y profundo, como un golpe en el dedo pequeño del pie.

Salió del supermercado pensativa, un poco triste todavía pero divertida por lo que había pasado; le parecía gracioso de alguna forma. No tenía ganas de andar en autobus, así que tomó aire y se preparó para caminar. Cerca de su casa, encontró al mismo muchacho hablando con algunas personas en una panadería... Se quedó paralizada, realmente le parecía una broma de muy mal gusto por parte del destino; se le quedó mirando con asombro hasta que este se dio cuenta, devolviéndole una mirada seria. Ella continuó su camino un poco exaltada por la aventura de ese día.










viernes, 3 de marzo de 2017

Una triste historia

1.- Andrés.

Tenía los ojos negros y grandes como canicas, la piel de color del café, y el cabello espeso y largo como un alambre de púas. Vivía acostumbrada a subir la cabeza para mirar a los ojos a quienes llegaban a su caluroso apartamento.

Ella solo tenía un deseo, deseo que durante la noche hacía latir de ansias su corazón, y estremecer de tristeza todo su cuerpo.

Lo que hacía cuándo no estaba adormecida entre los incómodos pupitres de la tétrica aula, era jugar en la terraza con Andrés, el hermano menor de Samuel... Samuel, tan sabio, tan grande, tan sexy, tan perfecto. La única vez que se hablaron ese año fue en el apartamento de Andrés, durante su cumpleaños. Ella en un tono amistoso y nervioso, le preguntó si esa mujerzuela de pinta dudosa era su novia. Él solo le sonrió y le revolvió el cabello espeso. Por cierto, Samuel era cuatro años mayor que ella.

Por supuesto, por obra y gracia de Andrés, Samuel estaba clarísimo en el efecto adormecedor que tenía sobre ella; y ella muy en el fondo lo sabía también, y se odiaba por tener a Andrés de amigo de confianza.

Un día húmedo de diciembre, ella, silenciosa entre los colgantes adornos navideños, se encontró asomada en la ventana, viendo como las palomas ululaban entre las paredes huecas de los edificios, cuando vió abajo en la terraza, a Samuel y uno de sus amigos jugando fútbol. Fue entonces cuando, tras un relámpago de latidos y esperanza, pensó en bajar y jugar con ellos, aunque esa esperanza de tener una animada charla con Samuel era más que nada una fantasía.

Se metió en el ascensor, e inició el descenso... La luz parpadeó y se abrieron las pesadas puertas, entró Andrés con las manos en la barriga y la lengua entre los dientes, cazando algún pedacito del almuerzo que acababa de engullir. Ella lo vió y se sintió acompañada por primera vez en su presencia, aunque no era lo que esperaba... El hecho de que Andrés estuviera con ella, le hacía salir de su fantasía.

Ya en la terraza, solo se sentó a ver como jugaban Samuel, su amigo, y el estorbo de Andrés, ocupando la atención que Samuel debería darle a ella. Pasaron uno, dos, cinco, y hasta diez minutos de miradas celosas y pensamientos oscuros sobre cómo pudo haber caído en una fantasía tan obvia. Eso fue interrumpido por un pelotazo en el estómago de Andrés. Ella peló bien sus almendrados ojos y se tapó la boca para no dejar escapar una carcajada. Andrés se arrodilló en el suelo y pegó la cabeza de las rodillas. Los muchachos se acercaron a él con voz risueña y lo ayudaron a incorporarse, pero este les respondió con un vómito de sangre y parte del almuerzo.

Los cinco días de rezos y visitas al hospital, se transformaron pronto en nueve días de luto y misas. En su vida había tenido la mente tan despejada. Simplemente no se lo podía creer; ya no le cabía en la cabeza nada que ver con amor, dolor, ansias ni fantasías, simplemente ya no sentía nada.

Estuvo tres horas sentada junto a Samuel, tres horas sin sentir su corazón acelerarse, ni su piel ponerse caliente, ni siquiera sintió la tristeza común de sentirse lejos de quien quieres, teniéndolo tan cerca. Solo por esa vez, decidió no decir nada estúpido para llamar su atención, ni si quiera sabía si la quería, estaba con la cabeza metida en no hacer ruido durante el funeral.





martes, 28 de febrero de 2017

Pantalla de Deseo

Solo entre algunas, solo algunas, partes de la historia.
Simple y frágil entre las páginas de un libro.
Desnudo a la luz de los ojos, que desgarran la carne con párpados de hierro.

Si entre las palabras crecen los llantos, y se escapa algún deseo.
Que sea un deseo simple y bello, entre deseos marchitos.
Y que las adoquinadas uñas se derritan entre ese deseo negro, impecable.

Se cree que entre los ríos de sangre, nada una vida.
Que entre el calcio y la médula, hay un corzón.
Que en el fuego del hierro, existe un diamante.

Se dice que entre el dolor del pecho, hay una cascada de sonrisas esperando ser vista.
Y que si jamás logra ver la luz, es porque ya la sequía de lágrimas llegó a su fin.

domingo, 26 de febrero de 2017

Afilados Dedos

El tiempo es como una estrella, la puedes ver, pero aún así puede no estar ahí.
Sientes las manos entre tus entrañas, pero núnca hueles las cicatrices.

Solo el chocolate sucio de tus venas se siente entre tus dedos.
Y la amorfa misericordia se escapa de tus brazos.
Solo el momento triste de la noche siente tus pesadillas.
Y el maravilloso silencio penetra en tus ojos.